Funcionamiento de las tarjetas de débito

A esta altura prácticamente todos los españoles sabemos para qué sirven las tarjetas de débito. Sin embargo, suelen existir confusiones con respecto a los otros plásticos utilizados generalmente, las tarjetas de crédito. Las tarjetas de débito son de plástico, pero sin embargo, con una simple operación en un cajero, podemos obtener dinero en efectivo -en papel- a través de ellas. Estas tarjetas sólo funcionarán en tanto y en cuanto haya dinero depositado en la cuenta, puesto que debitan de nuestras cuentas la cantidad de dinero que necesitemos. Así, por ejemplo, si tenemos 450 euros en el banco y queremos hacer una transacción por 455, la operación fracasará, puesto que no contaremos con los fondos suficientes para realizarla.

Además de utilizarla para extraer dinero, las tarjetas de débito sirven para hacer pagos: el dinero, claro, se extraerá de nuestra cuenta. Si vamos a un restaurante o nos compramos ropa, podemos pagar con el plástico. Lo importante es reconocer que no funcionará a cuenta: es decir, solo utilizaremos lo que tenemos, no podemos gastar más de lo que hay en nuestro haber. Esta es la diferencia fundante que la separa de las tarjetas de crédito, y lo que las hace atractivas para aquellos que no desean ponerse en deuda pero que a la vez disfrutan de contar con su dinero en todo momento, sin tener que acarrear el efectivo.

Las tarjetas de debito surgieron en los años 80, cuando las entidades bancarias entregaban a sus clientes estos plásticos para que puedan retirar dinero de los cajeros automáticos, llamados también ATM (por sus siglas del inglés Automated Teller Machine). Estas tarjetas servían solo para extraer dinero en un principio, pero al cobrar popularidad comenzaron a ofrecerse servicios diversos, en especial la posibilidad de pagar por productos o servicios directamente con el plástico, sin necesidad de hacer la transacción en efectivo. Todas las tarjetas de debito deben tener vinculación con una cuenta determinada, como ser una cuenta corriente, y el banco debe ser notificado de cuál será esta cuenta.

Muchas veces surgen confusiones respecto de cuándo es conveniente utilizar las tarjetas de debito. Existe un riesgo, pero es mucho más pequeño que el que se puede incurrir utilizando tarjetas de crédito. El riesgo puede ser que, al no tener el dinero en nuestras manos, nos parezca que en rigor no lo estamos gastando, y así incurrir en gastos que no teníamos planificados. De todos modos, una vez que llegamos al fin de los fondos, no hay forma de seguir utilizando la tarjeta, por lo que en este sentido no incurriremos en deuda alguna, como puede ocurrir con las tarjetas de crédito.

Existen personas que compran compulsivamente y este tipo de personas tiene tendencia a utilizar sus tarjetas de crédito de manera indiscriminada. En estos casos, es recomendable cortar por lo sano y deshacerse de las de crédito y comenzar a utilizar tarjetas de debito. De esta forma, se asegurarán de que, una vez alcanzado el límite, no se pueden pedir adicionales ni prórrogas. Algunos bancos ofrecen la posibilidad de retirar un dinero extra, pero esto no es recomendable: siempre se devuelve con un interés altísimo, que pondrá en riesgo la solidez financiera del solicitante.

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